Propiedades del aceite de oliva

El aceite de oliva es uno de los ingredientes fundamentales de la Dieta Mediterránea, considerada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. La palabra aceite procede del árabe Az-zait, que significa zumo de aceituna; mientras que en latín se conocía como Oleum.

Pese a la falsa creencia de que las grasas son perjudiciales para la salud, lo cierto es que, en su justa medida, resultan absolutamente necesarias para el correcto funcionamiento del organismo y no deben excluirse de la dieta.

El aporte energético de todas las grasas es prácticamente idéntico y se sitúa en torno a las 900 kilocalorías por cada 100 gramos. Sin embargo, no todas las grasas son iguales.

Debemos incluir en nuestra dieta sólo grasas saludables y, desde el punto de vista nutricional, una de las fuentes de ácidos grasos esenciales que resulta más sana es, sin duda, el Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE). Se considera que la dosis ideal es de dos a tres cucharadas soperas al día para un adulto.

El aceite de oliva se distingue por su alto contenido en ácido oleico, un ácido graso monoinsaturado que contribuye a mantener niveles normales de colesterol y triglicéridos en sangre. El consumo de aceite de oliva se ha relacionado, por tanto, con un menor riesgo cardiovascular.

Numerosas investigaciones apuntan, además, a que una dieta mediterránea rica en aceite de oliva puede contribuir a disminuir nuestro peso corporal y puede ayudar a reducir la incidencia de la obesidad, la diabetes de tipo II y la hipertensión arterial . Además, se ha demostrado que el ácido oleico presente en el aceite de oliva produce sensación de saciedad en el cerebro .

Por otra parte, la fritura con AOVE genera una costra alrededor de los alimentos que impide que la grasa penetre en ellos, por lo que su ingesta calórica se reduce en comparación con otras grasas.